De los tacones "criminales" al calzado respetuoso: la liberación de mis pies
De la tiranía de los tacones de aguja a la liberación del calzado respetuoso: la evolución de nuestros pies.
Hoy decidí hacer limpieza y tirar esas cosas que acumulamos en el trastero sabiendo que nunca más las vamos a usar. Entre cajas, encontré unos tacones de aguja que guardé hace años (aunque ahora mismo ni recuerdo por qué...).
Verlos me hizo recordar aquellos tiempos de "tiranía" en los que nos sometíamos a verdaderas torturas durante los años 70 y 80. Estos zapatos, en concreto, eran de la boda de una amiga: bonitos, sofisticados, altísimos... y criminales. Eran de esos que, cuando por fin llegabas al banquete, ya te apretaban y te martirizaban cada uno de los dedos del pie.
En aquella época solo había tres opciones:
- O te habías modernizado un poco y dejabas a un lado la sofisticación llevando unos zapatos de recambio para poder bailar.
- O terminabas bailar descalza arriesgando la vida en la pista.
- O te quedabas sentada toda la noche viéndolas venir.
Qué cambio tan maravilloso ver el panorama actual. Hoy ves a las mujeres elegantemente vestidas en una boda, pero calzando unas playeras preciosas, modernas y sofisticadas. Una bendición para unos dedos de los pies que, si pudieran hablar, gritarían: ¡GRACIAS!
Claro que yo también he cambiado. A mi edad, recuerdo que mi madre llevaba esos horribles zapatos ortopédicos con plantillas que apenas la permitían andar... En cambio, yo ahora llevo unas zapatillas respetuosas. Sí, de esas que son tan anchas que te permiten mover los dedos libremente por dentro, aunque con ellas se vean llegar mis pies tres horas antes que el resto de mi cuerpo.
Pero mira, aprovechando que dicen que a cierta edad nos volvemos "invisibles", yo camino tan a gusto moviendo mis dedos, ya bastante castigados por las locuras de la juventud y las modas del pasado. Creo que si mis pies pudieran hablar hoy, dirían algo como: ¡Gracias a Dios!
Tengo que confesar una cosa: cuando me las pedí por internet desesperada por mis pies doloridos, al abrir la caja me parecieron la cosa más fea que había visto en mi vida. De hecho, al principio no me atrevía ni a salir a la calle con ellas, así que las dejé exclusivamente para estar por casa. Pero fue ponérmelas... y mano de santo. Ya no me las quité. Llevo un año entero utilizándolas a diario como mi calzado de casa y la comodidad es tan increíble que ya estoy pensando en comprarme otras.
En la imagen de abajo podéis ver las famosas zapatillas que ahora utilizo (y que mis pies tanto agradecen).
Un abrazo, – Marian Colaboradora en el blog
Este blog comparte experiencias personales y aprendizajes propios.
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