A partir de cierta edad nos volvemos invisibles… y quizá no sea tan malo
Hay una frase que se escucha bastante cuando una mujer pasa de cierta edad: “Nos volvemos invisibles”. Y durante mucho tiempo pensé que era algo triste. Que dejáramos de llamar la atención, que ya no nos miraran igual, que nuestra edad empezara a pesar más que nuestra personalidad, nuestras ganas o todo lo que todavía tenemos por delante. Pero últimamente empiezo a verlo de otra manera. Quizá ser un poco invisibles tenga también sus ventajas. Porque llega un momento en la vida en el que una empieza a cansarse de estar pendiente de todo. De si vas suficientemente arreglada. De si has engordado un poco. De si llevas el pelo como “deberías”. De si alguien piensa que eres demasiado mayor para esto o demasiado joven para aquello. Y, sobre todo, una empieza a cansarse de esa costumbre tan femenina de preocuparnos constantemente por lo que los demás puedan estar pensando de nosotras. A los veinte quieres gustar. A los treinta quieres demostrar. A los cuarenta int...