Tener o no tener... ¿somos demasiado exigentes?
A veces me pregunto si tenemos el listón tan alto que ya no vemos lo que hay en el suelo, o si es que, simplemente, nos gusta jugar a ser difíciles. El otro día, dándole vueltas a una charla con mis amigas, me salió esta reflexión que hoy os comparto en formato vídeo (¡no os perdáis el final!). La paradoja de la abundancia Cuando el teléfono echa humo y tenemos tres "Pepes" y dos "Juanes" escribiendo al mismo tiempo, nos sale esa vena de marquesas. Que si este es un pesado, que si aquel no sabe escribir, que si el otro me llama a deshoras... ¡Ay, qué pronto le ponemos faltas a todo cuando hay de dónde elegir! En ese momento, nos sentimos las reinas del mambo. "Lo dejé porque era un pesado", decimos con la barbilla alta. Y oye, que está muy bien saber lo que una quiere, ¡faltaría más! A estas alturas ya no estamos para aguantar tonterías. Cuando el silencio atrona Pero, amigas mías... ¿qué pasa cuando pasan dos meses y el único que te escribe es el de la...