¿Nos llaman la "Generación Jones"?



Parece ser que fuimos el puente entre los últimos Baby Boomers y los primeros de la Generación X (los nacidos entre 1954 y 1965). Nos caracterizamos por tener una actitud y experiencias culturales muy distintas a ambas: éramos demasiado jóvenes para los 60 y demasiado mayores para los 80.

Últimamente se leen mucho en internet y en las redes sociales unas opiniones que me resultan indignantes. Muchos jóvenes de hoy en día afirman, con total ligereza, que la generación que nació a finales de los años 50 y en los 60 lo tuvimos muy fácil y que nos regalaron la vida. Repiten que comprábamos casas "por cuatro pesetas" y que el dinero caía del cielo.

Este texto nace para refrescar la memoria colectiva. No con rabia, sino con la firme necesidad de poner los puntos sobre las íes. La comodidad, la tecnología, la sanidad y los derechos de los que presumen las nuevas generaciones no brotaron de la nada: se pagaron con el sudor, el pluriempleo y las renuncias de nuestra juventud.

🏠 EL MITO DE LAS "CASAS REGALADAS"

Es verdad que los pisos nominalmente costaban menos que ahora, pero los jóvenes olvidan cómo se entregaban, dónde estaban y, sobre todo, cómo se pagaban. Nadie se mudaba a un piso de diseño con piscina comunitaria. La realidad de nuestros barrios obreros era esta:

El barro y las ciudades dormitorio: Millones de familias que emigraron del campo a la ciudad llenaron los nuevos bloques de la periferia. Eran barrios que se entregaban sin asfaltar, sin colegios, sin autobuses y sin un solo centro de salud. Los vecinos tuvimos que manifestarnos durante años solo para conseguir que pusieran un semáforo o una línea de autobús.

Intereses de locura: Comprar esa vivienda significaba firmar préstamos con letras que cambiaban de precio constantemente. En los años 70 y principios de los 80, la inflación llegó a superar el 26% y los tipos de interés rondaban el 15% o 18%. Pagar la casa era una soga al cuello mensual que obligaba a vivir en una economía de estricta subsistencia.

🛠️ TRABAJAR DE SOL A SOL SIN MIRAR EL RELOJ

Dicen que "había pleno empleo". Lo que no dicen es a costa de qué. En nuestra juventud no existían los conceptos de "conciliación laboral", "salud mental" o semanas de 40 horas con flexibilidad horaria.

El pluriempleo como norma: Para sacar adelante a una familia, la inmensa mayoría de los padres enlazaban un trabajo con otro. Se trabajaba de lunes a sábado, y era normal salir del taller o de la fábrica para subirse a un taxi de noche o meterse a una obra. Las vacaciones eran un lujo exótico y las medidas de seguridad laboral eran mínimas; los accidentes graves estaban a la orden del día.

Renunciar a los estudios por necesidad: Aunque hoy parezca impensable, la universidad en los 70 y principios de los 80 era un privilegio absoluto para unos pocos bolsillos. La gran mayoría de los nacidos en esa época tuvimos que dejar los libros y ponernos a trabajar a los 14 o 16 años para meter un sueldo en casa y ayudar a nuestros padres a pagar la comida.

En nuestra generación, el sueldo que ganábamos era íntegro para el bienestar de la familia: se le entregaba a la madre y ella lo administraba. Tampoco tuvimos ropa de marca, ni vacaciones exóticas, ni las comodidades tecnológicas que hoy se dan por sentadas.

Gracias a que toda una generación dobló el lomo sin quejarse y levantó este país desde la precariedad, hoy los jóvenes pueden elegir qué estudiar, exigir sus derechos desde la comodidad de un ordenador y disfrutar de un estado del bienestar que nosotros tuvimos que construir desde los cimientos.

Y aún hoy, seguimos ayudando a vuestra generación en todo lo que podemos...

Un respeto a la memoria.

🎥 Video en nuestro canal de YouTube.



Un abrazo,

– Marian, Colaboradora en el blog

Este blog comparte experiencias personales y aprendizajes propios.
No soy profesional de la salud; si tienes dudas médicas, consulta siempre a un especialista.
Visita la Página de Aviso Legal.

Comentarios