Igualdad pero para los dos



1 de enero de 2026

Anoche, desde mi ventana, miré la Luna. Parecía que ya estaba llena y me pregunté:
¿cuántos niños y niñas nacerán hoy?

Se dice que es un mito, pero yo estoy convencida de que no lo es. Siempre se ha dicho que en luna llena nacen más niños, y hay ideas que, aunque no se puedan demostrar, siguen latiendo dentro de una.

Sin embargo, lo verdaderamente importante de ese pensamiento fue otro: cuántos niños y niñas nacerán y si estas nuevas generaciones lograrán vivir en armonía, sin patriarcado ni matriarcado. Es decir, en un mundo en el que el ser humano evolucione y cree un entorno donde cada persona, sea hombre o mujer, pueda vivir su vida y construirse a sí misma sin perjudicar al otro.

Sé que probablemente yo no lo veré, pero me gustaría pensar que algún día:

El hombre trate a la mujer de igual a igual, que la respete y la valore por lo que es y por todo lo que ha construido con su esfuerzo, para ella y para su futuro.

La mujer trate al hombre también de igual a igual, que lo respete y no intente apropiarse de lo que él ha construido con su esfuerzo cuando una relación termina.

Que esos niños y niñas que han nacido en esta luna llena, y en las siguientes, no se conviertan en armas cuando sus padres se separan. Que no sean utilizados para obtener dinero, vivienda o privilegios, ni arrastrados a conflictos que no les pertenecen. Que ningún progenitor viva a costa del otro, ni que ninguno quede sin hogar, sin familia o sin recursos por decisiones injustas dictadas desde los juzgados. Que puedan crecer libres de manipulaciones, sin cargar con las ambiciones, los rencores ni las batallas de los adultos, y sabiendo que ambos padres los aman y los protegen.

Que algún día esa figura que representa la justicia se quite la venda de los ojos y sea verdaderamente justa. Que, cuando haya una separación, los hijos estén siempre en el centro y que, al mismo tiempo, ambos padres queden en igualdad de condiciones, sin falsas acusaciones ni privilegios injustos, para que los conflictos se reduzcan y los niños crezcan en paz.

Estoy convencida de que, si la justicia actuara así, habría mucho menos sufrimiento en las separaciones y muchas menos heridas difíciles de cerrar. Y, sobre todo, que los niños podrían crecer en un entorno más seguro, más equilibrado y más humano.

Tal vez yo no lo vea, pero me gusta pensar que cada niño que nace bajo una luna llena trae consigo no solo una nueva vida, sino también la posibilidad de un futuro más justo y más consciente para todos.

-- Marian





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