Hoy hay que echarle valor
- El hombre y el ADN: Persigue ese instinto de dejar huella. Busca a "su mujer", esa certeza y ese "puerto seguro" para sus instintos y su legado. ¡El mandato biológico le corre por las venas y la procreación no perdona! Pero hoy en día, además, tiene que echarle mucho valor para firmar una hipoteca sabiendo que, si el barco se hunde, muchas veces él se queda fuera de la casa pero dentro de la deuda. Es un riesgo real que planea sobre el altar, mientras mira de reojo la libertad que deja atrás.
- La mujer y el reloj biológico: Ante la llamada de la maternidad o la necesidad de estabilidad, busca la seguridad del nido. Ese lugar donde el "mañana" deje de ser una incertidumbre económica o familiar. Y es que, así como para él es vital la certeza del "puerto seguro", para ella el objetivo de la casa es el eje sobre el que gira todo; es su ley fundamental y no admite negociación. Ya sea porque el hijo viene en camino o porque busca esa independencia que le falta bajo el control familiar, el hogar es su fortaleza.
Y no olvidemos el peso del rito: ese anhelo de vestirse
de novia y celebrar un "bodorrio" por todo lo alto; una ilusión que,
digan lo que digan hoy en día las modas feministas, sigue latiendo con fuerza.
Esto no ha cambiado con los años ni las culturas.
Y me pregunto: si venimos de mundos tan diferentes y con
necesidades tan distintas... ¿no es un acto de valentía absoluta ponerse ahí
delante y decir "sí, acepto"?
¿Es poco
romántico? Quizás. Pero es la base real de ese contrato que firmamos ante
el altar. Somos animales de costumbres buscando protección y continuidad.
Echarle valor no es solo casarse; es mantener el tipo
cuando el ADN ya se heredó y la casa ya se compró, pero la persona sigue ahí a
tu lado cada mañana. Después de 60 años viendo mundo, tengo claro que el amor
es el motor, pero el valor es el que mantiene el coche en la carretera.
Y ustedes, ¿se casaron por romanticismo o por instinto? ¡Los leo! 👇

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