Tener o no tener... ¿somos demasiado exigentes?
A veces me pregunto si tenemos el listón tan alto que ya no vemos lo que hay en el suelo, o si es que, simplemente, nos gusta jugar a ser difíciles. El otro día, dándole vueltas a una charla con mis amigas, me salió esta reflexión que hoy os comparto en formato vídeo (¡no os perdáis el final!).
La paradoja de la abundancia
Cuando el teléfono echa humo y tenemos tres "Pepes" y dos "Juanes" escribiendo al mismo tiempo, nos sale esa vena de marquesas. Que si este es un pesado, que si aquel no sabe escribir, que si el otro me llama a deshoras... ¡Ay, qué pronto le ponemos faltas a todo cuando hay de dónde elegir!
En ese momento, nos sentimos las reinas del mambo. "Lo dejé porque era un pesado", decimos con la barbilla alta. Y oye, que está muy bien saber lo que una quiere, ¡faltaría más! A estas alturas ya no estamos para aguantar tonterías.
Cuando el silencio atrona
Pero, amigas mías... ¿qué pasa cuando pasan dos meses y el único que te escribe es el de la compañía de la luz para decirte que ya tienes la factura? Ahí la cosa cambia.
De repente, ese "pesado" que te daba los buenos días a las ocho de la mañana ya no parece tan molesto. Empezamos a pensar: "Bueno, tampoco era para tanto, al menos se acordaba de mí". Es curioso cómo el hambre (de compañía, de atención o de un simple '¿cómo estás?') nos ablanda el criterio.
¿Pan duro o falta de hambre?
Como dice el refrán que he usado para el vídeo: "Con hambre, no hay pan duro".
No se trata de conformarse con cualquier cosa, ¡ni mucho menos! Pero sí de reírnos de nuestra propia inconsistencia. Un día somos las más exquisitas del mundo y al otro, miraríamos con cariño hasta a una estatua si nos diera conversación.
¿Y vosotras? ¿Os habéis visto alguna vez en la situación de Ana? ¿Habéis rescatado a algún "pesado" de la lista de bloqueados cuando el aburrimiento apretaba?
¡Contadme vuestras batallas en los comentarios! Que ya sabéis que mal de muchas... ¡es consuelo de todas!
🎥 Video en nuestro canal de YouTube.
- Marian

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