¿Cómo era la realidad de las mujeres en los 70? Mi experiencia en primera persona

Veo que hoy se habla mucho en las redes sobre cómo vivíamos las mujeres en la época de Franco, y por eso quiero contarles cómo lo viví yo en primera persona...

Mi infancia en el Barrio de los Ángeles

Al volver a ese pasado, empezaré por deciros que mi historia transcurre en Madrid. Tuve la suerte de ser la pequeña de la familia y nacer cuando las penalidades de la posguerra ya habían pasado.

Tuvimos la fortuna de tener una casa grande y confortable en lo que entonces se llamaba el Barrio de los Ángeles (lo que hoy en día todo el mundo conoce como Sanchinarro). Esta casa fue construida por mi padre con sus propias manos y con la ayuda de mis hermanos; hicieron uno a uno los ladrillos para tener un hogar para su familia (antes se hacía así). Como os decía, cuando yo llegué, ya estaba todo listo.

Fui una niña feliz, arropada por mis padres, hermanos, tíos y primos. En aquellos tiempos, las familias procuraban vivir todos cerca para así cuidarse unos a otros y disfrutar juntos.

El progreso se llevó aquel barrio y, cuando tiraron la casa de mis padres, fui a recoger uno de esos ladrillos de recuerdo. Aún lo tengo conmigo.

La escuela, la disciplina y los juegos de la calle

Vamos a la escuela, de la que también se habla tanto en las redes por los castigos de los profesores. En aquella época, los maestros tenían el poder absoluto en las aulas.

También tengo que decir que ese poder estaba respaldado por los padres, que les tenían todo el respeto y nunca iban a quejarse. Si al llegar a casa decías: "Mamá, la profesora me dio un capón y me castigó", ellas contestaban: "Algo habrás hecho", y punto...

En mi caso, fui a la escuela pública. Allí las clases de las chicas y las de los chicos se separaban con una especie de paneles correderos, y solo compartíamos el patio en los recreos, donde además estábamos todas las alumnas de distintos cursos juntas en la misma clase. Mi profesora no era demasiado estricta, aunque en una ocasión sí que me llevé un buen tortazo y probé, alguna que otra vez, esa regla que te golpeaba la palma de la mano sin miramientos.

Los capones, el tirón de orejas y la regla eran herramientas de disciplina totalmente establecidas; si no las querías probar, había que seguir las normas. Pero ¿sabéis qué? No había acoso escolar. A los abusones y abusonas ni se les ocurría.

¿Y a qué jugábamos? Los chicos jugaban a las canicas. Era un juego más bien de niños y se jugaba en la calle, siguiendo un circuito en la tierra o golpeando unas canicas con otras; si ganabas, te las llevabas...

¡Y las chicas al elástico! El descubrimiento del elástico fue estupendo. No sé quién fue la primera que lo trajo —supongo que serían las mayores—, pero fuera como fuera, fue todo un hallazgo. Para empezar a jugar necesitábamos tres jugadoras: dos sujetaban y estiraban el elástico, y una lo saltaba. Eso era lo principal.

El recreo, el trueque y la unión familiar

En la hora del recreo, se distribuía en los colegios nacionales un vaso de leche por niño. Los alumnos solían llevar su propio vaso o jarra de aluminio, y las chicas mayores mezclaban la leche en polvo con agua y la endulzaban con azúcar o cacao. Se hacía para combatir la desnutrición infantil que afectaba a tantas familias en la España de la época.

Yo tuve la gran suerte de estar rodeada de familiares: unos tíos tenían vacas, otros se dedicaban a la cría de animales y el trueque estaba a la orden del día. Aún recuerdo cuando mi madre me decía: "Lleva estos huevos al tío y que te dé leche".

Las familias se ayudaban unas a otras y salían adelante sin tantas calamidades; no ocurría lo mismo con quienes no tenían a sus familiares cerca, que sí lo pasaban muy mal.

Y mis hermanos crecieron y quisieron dejar el barrio para mudarse a una población más moderna. Entonces, la vida cambió por completo; ya no estaba la familia cerca. Fue un error que mis padres y yo comprendimos rápidamente: la familia es primordial.

Y yo también crecí y comencé a trabajar. En aquella época, todos aportaban todo el sueldo para la casa, todos colaboraban al bienestar familiar y el sobre de la paga se entregaba a la madre, que lo administraba. No como ahora...

Nuestra juventud en los años 70: ¿Se vivía mejor antes?

Y ahora vamos a otro tema de las redes sociales: la libertad que teníamos las mujeres jóvenes en esos años, ya que a veces se publican cosas que no se ajustan a lo que vivimos.

Os cuento: las chicas de entonces vivíamos nuestra juventud. Trabajábamos, sí, pero disfrutábamos de la vida. Al salir del trabajo, pasábamos por la discoteca, bailábamos y tomábamos algo con las amigas; no nos hacía falta emborracharnos para pasarlo bien. Vestíamos camisetas con la espalda al aire y faldas que más bien parecían cinturones de lo cortas que eran. Nos maquillábamos con gusto y, eso sí, fumábamos (entonces nos vendían el tabaco en televisión como el símbolo de la emancipación de la mujer y, claro, había que estar a la moda). Pero tuvimos la suerte de no sufrir el acoso callejero o a través de las redes sociales que, por desgracia, se vive tanto ahora.

Y llego a otro tema candente de hoy en día: 

¿Se vivía mejor entonces con el franquismo que ahora?

Os cuento mi caso. Yo tenía —y digo tenía porque por desgracia ya no están a mi lado— un padre comunista y una madre feminista de las de pancarta en mano por las calles de Madrid. Y si estuvieran aquí hoy, os contestarían desde luego que sí, se vivía mejor y, seguramente, como yo, ya no votarían a la izquierda; porque una cosa es lo que te venden y otra muy distinta es la realidad. Con la dictadura tuvimos trabajo, vivienda propia, y pudimos formar una familia y vivir. Hoy, en cambio, nuestros hijos se encuentran con que no pueden tener ni un trabajo decente, ni una casa propia, y ni pensar en tener hijos.

Educada en una casa de izquierdas, yo misma me saqué el carnet en cuanto entró Felipe González porque quería luchar por el feminismo. Sin embargo, me duró tan solo un año; en cuanto vi lo que se cocía y que no era lo que yo esperaba, rompí el carnet y lo dejé. Hoy, cuando veo la situación actual, me digo a mí misma lo engañados que estaban mis padres. Si vieran cómo está hoy España...

Y hasta aquí os he contado algo de esa época sobre la que tantos, sin haberla conocido, se atreven a opinar.



Un abrazo, – Marian,  Colaboradora en el blog
  



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