Ropa: misión imposible a los 60
Para una mujer, ir a comprarse ropa puede ser desesperante, pero al pasar los 60… ¡toda una pesadilla!
Pero necesitas unos pantalones y camisetas, así que te mentalizas y te vas al centro comercial.
Por supuesto, empiezas en Zara, esa tienda en la que siempre encontrabas lo que te gustaba. Empiezas el recorrido pensando que seguro encuentras algo, pero: el que te gusta no está en tu talla. Bajas el listón y coges unos pantalones tobilleros y otros con goma en la cintura, que al menos parecen cómodos y fresquitos, aunque para colmo este año vienen con goma también en los tobillos...
Te armas de valor (otra vez), ves la larguísima cola para pagar —esa que parece la de un concierto, no la de una tienda de ropa—, y entras al probador (ese que tiene forradas las paredes de espejos). Te desvistes… y ahí está: un espejo de frente, de lado y por detrás, para que no se te escape ni un pliegue ni detalle de tu cuerpo.
Tú, valiente, pones toda tu atención en ese pantalón tobillero y te lo pruebas. Te miras al espejo y te das cuenta de que… pareces un Hobbit.
Lo intentas con el fresquito y cómodo. Te lo subes y al mirarte al espejo… ¡zas! Ese pantalón que parecía tan ideal, con su goma en la cintura, te sienta como para pegarte un tiro. Por delante, la goma te saca tripa; por detrás, el culo ha desaparecido misteriosamente y, con la goma en los tobillos, parece que te han encogido de largo las piernas. Entonces pruebas a ponerte la camiseta por encima, a ver si disimula. Error. Te ves como una mesa camilla.
Mi solución: comprarme una talla menos. Cuesta subirlos, sí, hay que hacer un poco de contorsionismo, pero con maña (y respirando hondo) lo consigues. Y voilà: no marcan tanta tripa y hasta parece que vuelve a asomar el pompi.
Luego llega la hora de probarte camisetas... y decides probarte esas de manga de murciélago que tapan un poco las axilas, pero como tienen un corte tan amplio, acabas luciendo axilas, sujetador y michelines.
Moraleja: a los 60 no solo cambias tú, también lo hace tu cuerpo, tu paciencia... y tu relación con los probadores y la compra de ropa en la nueva temporada.
Te rindes y buscas ropa en internet. Ves esa camiseta que te parece un regalo de bonita y que cuesta poquísimo. Pero ¡ojo!, ni se te ocurra cometer el error de mirar en las opiniones las fotografías de algunas mujeres con la camiseta puesta, porque entonces seguro que no te la compras. Piensa que a ti te sentará mejor y cómpratela sin mirar a nadie más. Cuando llegue, ya tendrás tiempo de decidir si te queda bien o no.
Porque lo que está claro es que el verdadero enemigo no es la edad, sino el patrón de la fast fashion (moda rápida), que parece diseñado solo para un único tipo de cuerpo.
¿Qué tal lo ves?
Por supuesto, empiezas en Zara, esa tienda en la que siempre encontrabas lo que te gustaba. Empiezas el recorrido pensando que seguro encuentras algo, pero: el que te gusta no está en tu talla. Bajas el listón y coges unos pantalones tobilleros y otros con goma en la cintura, que al menos parecen cómodos y fresquitos, aunque para colmo este año vienen con goma también en los tobillos...
Te armas de valor (otra vez), ves la larguísima cola para pagar —esa que parece la de un concierto, no la de una tienda de ropa—, y entras al probador (ese que tiene forradas las paredes de espejos). Te desvistes… y ahí está: un espejo de frente, de lado y por detrás, para que no se te escape ni un pliegue ni detalle de tu cuerpo.
Tú, valiente, pones toda tu atención en ese pantalón tobillero y te lo pruebas. Te miras al espejo y te das cuenta de que… pareces un Hobbit.
Lo intentas con el fresquito y cómodo. Te lo subes y al mirarte al espejo… ¡zas! Ese pantalón que parecía tan ideal, con su goma en la cintura, te sienta como para pegarte un tiro. Por delante, la goma te saca tripa; por detrás, el culo ha desaparecido misteriosamente y, con la goma en los tobillos, parece que te han encogido de largo las piernas. Entonces pruebas a ponerte la camiseta por encima, a ver si disimula. Error. Te ves como una mesa camilla.
Mi solución: comprarme una talla menos. Cuesta subirlos, sí, hay que hacer un poco de contorsionismo, pero con maña (y respirando hondo) lo consigues. Y voilà: no marcan tanta tripa y hasta parece que vuelve a asomar el pompi.
Luego llega la hora de probarte camisetas... y decides probarte esas de manga de murciélago que tapan un poco las axilas, pero como tienen un corte tan amplio, acabas luciendo axilas, sujetador y michelines.
Moraleja: a los 60 no solo cambias tú, también lo hace tu cuerpo, tu paciencia... y tu relación con los probadores y la compra de ropa en la nueva temporada.
Te rindes y buscas ropa en internet. Ves esa camiseta que te parece un regalo de bonita y que cuesta poquísimo. Pero ¡ojo!, ni se te ocurra cometer el error de mirar en las opiniones las fotografías de algunas mujeres con la camiseta puesta, porque entonces seguro que no te la compras. Piensa que a ti te sentará mejor y cómpratela sin mirar a nadie más. Cuando llegue, ya tendrás tiempo de decidir si te queda bien o no.
Porque lo que está claro es que el verdadero enemigo no es la edad, sino el patrón de la fast fashion (moda rápida), que parece diseñado solo para un único tipo de cuerpo.
¿Qué tal lo ves?
Este blog comparte experiencias personales y aprendizajes propios.
No soy profesional de la salud; si tienes dudas médicas, consulta siempre a un especialista.
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