A partir de cierta edad nos volvemos invisibles… y quizá no sea tan malo
Hay una frase que se escucha bastante cuando una mujer pasa de cierta edad: “Nos volvemos invisibles”.
Y durante mucho tiempo pensé que era algo triste.
Que dejáramos de llamar la atención, que ya no nos miraran igual, que nuestra edad empezara a pesar más que nuestra personalidad, nuestras ganas o todo lo que todavía tenemos por delante.
Pero últimamente empiezo a verlo de otra manera.
Quizá ser un poco invisibles tenga también sus ventajas.
Porque llega un momento en la vida en el que una empieza a cansarse de estar pendiente de todo.
De si vas suficientemente arreglada. De si has engordado un poco. De si llevas el pelo como “deberías”. De si alguien piensa que eres demasiado mayor para esto o demasiado joven para aquello.
Y, sobre todo, una empieza a cansarse de esa costumbre tan femenina de preocuparnos constantemente por lo que los demás puedan estar pensando de nosotras.
A los veinte quieres gustar. A los treinta quieres demostrar. A los cuarenta intentas llegar a todo. Y a los cincuenta empiezas a preguntarte si realmente merece la pena seguir corriendo detrás de tantas expectativas.
Y entonces llegan los sesenta.
Y algo cambia.
De repente empiezas a descubrir que no tienes ninguna obligación de caerle bien a todo el mundo.
Que puedes decir que no.
Que puedes cambiar de opinión.
Que puedes llevar el pelo como te dé la gana, ponerte unos pantalones blancos, una camisa que te guste y salir a tomar algo sin preguntarte si alguien considera que “a tu edad” deberías vestir de otra manera.
Y también puedes hacer cosas nuevas sin tener que justificar por qué.
Porque quizá esa sea una de las mejores cosas de cumplir años: empiezas a necesitar menos permiso.
Hay personas que tienen miedo a hacerse mayores porque piensan en todo lo que van perdiendo.
Yo cada vez pienso más en todo lo que podemos ganar.
Ganamos experiencia. Ganamos perspectiva. Aprendemos a distinguir lo importante de lo que no lo es. Dejamos de convertir cualquier problema en una tragedia y, sobre todo, aprendemos que muchas opiniones ajenas no merecen ni cinco minutos de nuestra preocupación.
A estas alturas ya sabemos que la vida no consiste en conseguir que todo el mundo nos apruebe.
Porque, además, es imposible.
Si eres demasiado arreglada, alguien dirá que quieres aparentar menos edad. Si vas sencilla, alguien pensará que te has abandonado. Si haces ejercicio, que estás obsesionada. Si no lo haces, que deberías cuidarte más.
Así que llega un momento en que una piensa:
¿Sabes qué? Voy a hacer lo que me apetezca.
Y qué descanso.
Quizá por eso no me parece tan terrible esa supuesta invisibilidad.
Porque si los demás dejan de mirarnos tanto, también podemos dejar de vivir pendientes de sus miradas.
Y ahí puede empezar una libertad que antes no teníamos.
La libertad de vestirnos como queramos.
De enamorarnos o de no hacerlo.
De empezar una afición nueva.
De viajar.
De aprender algo que siempre dejamos para después.
De hacer el ridículo de vez en cuando.
De reírnos de nosotras mismas.
Y hasta de cambiar de opinión sobre cosas que durante años creímos tener clarísimas.
Porque otra cosa que viene con la edad es descubrir que no pasa absolutamente nada por decir “antes pensaba esto y ahora pienso otra cosa”.
Eso no es falta de personalidad. Es experiencia.
Lo curioso es que quizá nos pasamos media vida intentando que nos vean y, cuando por fin dejamos de preocuparnos tanto por ser vistas, empezamos a sentirnos mucho más libres.
Así que sí. Puede que a partir de cierta edad nos volvamos un poco invisibles.
Pero quizá haya que cambiar la pregunta.
¿Y si no se trata de que nos volvamos invisibles, sino de que dejamos de necesitar que nos miren?
A mí, sinceramente, cada vez me preocupa menos.
A estas alturas prefiero que me miren por lo que digo, por lo que hago, por cómo trato a los demás o simplemente porque les caigo bien.
Y si alguien piensa que ya soy demasiado mayor para hacer algo...
Bueno, que piense lo que quiera.
Yo tengo cosas bastante más interesantes que hacer. 😂
Y ahora te pregunto a ti:
¿Has notado que con los años te importa menos lo que piensen los demás?
¿Te sientes más libre ahora que hace veinte años?
Me encantaría saber si a ti también te ha pasado.
Quizá sea, por fin, empezar a vivir un poco más a nuestra manera.
– Marian , Colaboradora en el blog
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