¿Y tú, con qué pie te levantas?

Ilustración digital

"Café, silencio y... ¿un botón de apagado?"

¿Alguna vez te has parado a pensar en ese viejo dicho de que el pie con el que tocas el suelo al levantarte decide cómo será tu día? Parece una superstición tonta, pero a ciertas edades, entre que encuentras las zapatillas y escuchas el primer 'concierto' de tus rodillas, empiezas a creer que algo de razón tiene el refrán.

Yo, por si acaso, me quedo ahí sentada un rato en el borde de la cama, mirando mis pies y negociando con ellos. Porque la teoría es muy bonita, pero la realidad es otra: hay personas que se levantan con un buen humor que a otros, sencillamente, nos agotan.

Yo soy de las que necesitan su tiempo de silencio y un café humeante para empezar a ser persona. Necesito ese rato para estirar los músculos, asimilar las tareas del día y, seamos sinceras, no siempre me hace gracia lo que me espera al salir por la puerta. Solo pido un respiro matutino en paz.

Pero claro, ahí estás tú: te preparas tu café, te sientas tranquilamente y, de pronto... aparece el eterno sonriente. Entra en la cocina como si fuera mediodía y tú te preguntas: '¿Pero cómo es posible que se levante así todos los días?'. Reconozco que ese optimismo tan temprano hasta me cabrea un poco.

Tú sigues buscando tu burbuja de silencio, pero él empieza a hablar. Cosas sin importancia, comentarios que tus oídos aún no están listos para procesar... y sigue, y sigue. Por dentro, tú solo piensas: '¿Se callará alguna vez?'. Pero no. Entonces llegan las preguntas fatídicas: '¿Qué vamos a comer hoy? ¿Quieres que traiga algo para que lo hagas?'.


Y ahí es cuando miras al techo y pides al cielo que alguien invente, por favor, un botón de apagado."

...y tú piensas: ¿cómo es posible que, conociendo mi lento despertar, no asuma que necesito ese ratito de paz? Te quedas mirando tu café y te debates entre dos teorías: o lo hace por fastidiar, o tiene una memoria a corto plazo digna de un pez de colores que le impide recordar que, hace exactamente 24 horas, mi cara era la misma.

Al final, suspiras, le das un sorbo al café y te das cuenta de que el mundo se divide en dos: los que saltan de la cama como si les hubieran dado un premio, y las que, como yo, necesitamos negociar con nuestras rodillas y nuestros silencios antes de decir 'hola'.

Así que, si hoy me ves con el pie izquierdo puesto... no me preguntes qué hay de comer, pregúntame dónde está el botón de silencio.

.....Y entre sorbo y sorbo de café, mientras lo miro hablar, me pregunto si no seré yo la que se está poniendo las cosas difíciles a sí misma. Quizás mañana, en ese ratito que me quedo sentada al borde de la cama negociando con mis rodillas, deba esforzarme un poco más por elegir el pie derecho para mi propio bien.

Voy a intentar que el 'feliz' toque el suelo primero, a ver si es verdad eso de los dichos populares y me levanto con el humor suficiente para no tener que buscarle el botón de apagado a nadie, ¡empezando por mis propios pensamientos!

Al final, supongo que el día no te lo dan hecho, lo eliges tú. Así que mañana, en cuanto note el primer crujido, lo tengo claro: ¡A paseo la artrosis! Voy a plantar el pie derecho con todas mis ganas, a elegir mi propia sonrisa y a ver si es verdad que el mando de mi día lo tengo yo.

Me encantaría saber que estáis ahí al otro lado. 

¿Quién se apunta conmigo a este plan de empezar con buen pie? Dejadme un pequeño comentario, aunque sea solo un saludo, para saber que no soy la única que negocia con sus rodillas cada mañana. ¡Os leo con muchísima ilusión! 💌


Comentarios