Más años, más mala leche
Con los años, la mala leche va acumulándose como una olla a presión. Cuando somos jóvenes, todo parece ser más fácil. La paciencia parece infinita y la tolerancia, casi una virtud que ni necesitamos practicar. Pero, ¡ay!, qué fácil es que la vida te dé lecciones que no pediste. El primer golpe suele ser cuando te conviertes en madre. Ahí, la "mala leche" empieza a calentar a fuego lento. Las primeras noches sin dormir, las primeras dudas sobre si lo estás haciendo bien, el agotamiento de no tener un segundo para ti. Esos momentos, tan llenos de amor, pero también tan llenos de caos, hacen que el termómetro de tu paciencia empiece a subir. Luego llegan los años de crianza, el teletrabajo, las reuniones interminables, las cenas que nunca parecen terminar… Las amistades siguen siendo importantes, pero empiezas a verlas más a través de una pantalla que en persona, y las risas se mezclan con la nostalgia de lo que ya no es. Ahí, ese termómetro comienza a ponerse en naranja, y te...